Las iraníes desafían a los ayatolás por Ángeles Espinosa
Esa brecha entre el avance de lo privado y los intentos de restricción de lo público es la que en su opinión empuja a las iraníes a desear adquirir posiciones en la sociedad. "Incluso las mujeres conservadoras se muestran firmes respecto a su participación social", subraya Tavakoli que pone como ejemplo la inserción de mujeres en las listas electorales de los fundamentalistas. "Sus diputadas tienen que hablar en público y viajar; su sola presencia constituye un mensaje muy potente", asegura. A ojos de una extranjera, da la impresión de estar produciéndose una revolución silenciosa. Sin embargo, todas las consultadas para este reportaje rechazaron el uso de la palabra revolución. "Revolución es un proceso largo y suena a destrucción; luego hay que reconstruir todo. Nosotras no queremos eso sino reparar el sistema", justifica Mirza. "Yo no usaría esa palabra por sus connotaciones, prefiero hablar de un gran cambio", añade Tahmasebi.
Sea como fuere, la causa que promueven parece haber alcanzado a las más altas instancias de la República Islámica. El líder supremo, ayatolá Alí Jamenei, declaró con motivo del último día nacional de la mujer (que en Irán coincide con el aniversario del nacimiento de Fátima, la hija de Mahoma), que hay que volver a examinar sus derechos. Por su parte, el virtual número dos del régimen, Alí Akbar Hachemí Rafsanyani, ha manifestado que espera que "el Parlamento dé los pasos para [alcanzar] la igualdad legal".
"No creo que [esas declaraciones] se traduzcan en medidas serias. Son sólo eslóganes para tranquilizar a la gente, normales en vísperas electorales", dice Tavakoli. "Después de dos revoluciones, ya no esperamos que el Gobierno haga nada por nosotras. Esté quien esté en el poder, no beneficia a las mujeres", añade Mirza. Pero ellas continúan firmes: "Una vez que las mujeres han salido a la calle, nadie va a conseguir volverlas a meter en casa", concluye Delaram.

