Las iraníes desafían a los ayatolás por Ángeles Espinosa

Y ése es quizá el elemento más peculiar del movimiento de mujeres en Irán: la misma Revolución Islámica que ha reforzado el sistema que les oprime, les ha dado instrumentos para reclamar sus derechos. De ahí que su situación de partida sea mucho mejor que la de la mayoría de sus vecinas: saudíes, afganas o paquistaníes. De hecho, las estadísticas oficiales reflejan las consecuencias de esos avances de la mujer iraní. Ha aumentado la edad media del matrimonio hasta los 25 años (27 para el hombre), y ha descendido la tasa de natalidad, dos indicadores asociados a la emancipación de la mujer.

El filósofo Dariush Shayegan lo tiene claro. "Las mujeres son el factor de cambio más importante en Irán. Son muy valientes. En la actualidad son más interesantes que los hombres", asegura, antes de recordar que llevan varios años logrando por encima del 60% de las plazas universitarias en la selectividad. El dato no ha pasado inadvertido al Gobierno conservador y en los dos últimos cursos algunas facultades ya han reservado a los hombres el 50% de sus puestos. Ahora, el Parlamento estudia un sistema de cuotas que tiene indignadas a las feministas. "La ley está dos pasos por detrás de la sociedad", constata Sussan Tahmasebi, que a pesar de haber pasado su adolescencia en Estados Unidos y de las dificultades judiciales que afronta, no se plantea tirar la toalla.

"El caso de Irán es único", afirma la socióloga Nayereh Tavakoli, que da clase en el máster de Estudios de la Mujer de la Universidad Azad e investiga sobre el patriarcalismo. "Los indicadores señalan que la situación de la mujer iraní por lo que se refiere al patriarcalismo en la esfera privada es mejor que en la pública", explica Tavakoli. "Pensaron que iba a ser fácil, pero las mujeres querían estar en la escena pública y eso ha obligado al sistema a aceptar su entrada en nuevos trabajos, fuera de los tradicionales en la enseñanza y la medicina, como profesoras de autoescuela, fotógrafas, taxistas o policías". En su opinión se ha creado una situación contradictoria entre el deseo de confinarlas al hogar y la necesidad de ofrecerlas empleos. Por eso las leyes promulgadas por el Gobierno de Ahmadineyad promocionando el trabajo a tiempo parcial o extendiendo a un año el permiso de maternidad son vistas con recelo.

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