Versos de dentro y fuera
“Yo no fui” es la frase favorita de Bart Simpson [el niño de 10 años que protagoniza la serie de dibujos animados Los Simpson] que las participantes del taller eligieron hace dos años para bautizar el primer festival y la primera antología poética producida allí. En el libro, María Medrano, la poeta que una vez por semana, junto con otra poeta, Claudia Prado, traspasa las rejas de la cárcel de Ezeiza llevando libros, consignas y textos para compartir que puedan despertar otras palabras, escribe: “La mayoría de las mujeres que participan jamás habían tenido contacto con este género. Algunas decidieron anotarse para ‘matar el tiempo’; otras, para ver de qué se trataba.
Pero lo cierto es que, poco a poco, el taller se fue transformando en un espacio vital (…) Ellas no quieren hacer poesía tumbera (N. de R.: ‘tumbera’ es el modo de designar lo propio del ámbito carcelario en Argentina; así, la ‘tumba’ es la cárcel), porque para ellas, ese lenguaje forma parte del proceso de despersonalización que sufren: cuando se entra a un penal se deja de ser persona para pasar a ser ‘paquete’ (con las llaman las guardiacárceles), se recibe un rebautizo, un apodo tumbero, y el lenguaje cotidiano va mutando en lenguaje carcelario".
Aquí, la poesía se convierte en espacio de resistencia dentro del encierro, aun cuando para el sistema penitenciario forme parte de los talleres culturales, es decir, “no productivos”: no generan dinero como sí lo hacen el de panadería o el de confección de juguetes de peluche (a cambio de participar allí, las presas reciben un pequeño salario que pueden utilizar para ellas mismas o destinar a sus familias).

