Versos de dentro y fuera
Dos años atrás, cuando leyó sus textos en el Primer Festival, Liz, la muchacha negra de trencitas que caen como cascada sobre la frente, estaba embarazada. Ahora, ve correr a su hijo, Jehová, entre las poetas de la cárcel, las y los poetas de renombre venidos de afuera, los periodistas, las visitas, mientras ella espera su turno para compartir lo que escribe. Dice: “voy a leer algo que me gusta mucho, espero que a ustedes también les guste… ‘Lo amo como al cáncer que come mi carne…’”*
Una muchacha rubia, con un embarazo avanzadísimo, ruega a fotógrafa llegada a presenciar el Festival, que le tome un retrato: quiere enviarlo a su novio, que está afuera, y no siempre puede visitarla. Quiere, además, aprovechar que la cámara es digital para verse, porque en la cárcel no hay espejos.
Por las ventanas, altísimas, se ven aviones: el aeropuerto está a pocos kilómetros, y también por eso a esta Unidad son derivadas mujeres acusadas de narcotráfico en pequeña o mediana escala. Ellas son “mulas”, personas en tránsito hacia otros países a quienes los controles aduaneros descubrieron droga entre el equipaje.
Algunas están a la espera del juicio, es decir, sin condena, otras cumplen sentencias que no comprenden, ya que son muchas las que aprenden a hablar español dentro de la cárcel. Dentro de esta pequeña Babel también han encontrado una manera de integrarse al taller de poesía. En una de las seis mesas del encuentro se escuchan palabras en polaco, en alemán, en rumano: un día María Medrano comenzó a llegar al taller con textos de poetas que escriben en la lengua materna de estas mujeres; traer esos textos al festival, leerlos en el idioma original y traducirlos para compartirlos con compañeras y visitas fue idea de las talleristas.
Carmen, una rumana de 52 años rubia, de voz orgullosa y dulce, recuerda que cuando Medrano llevó un CD con esos textos lloró. “Después empecé a traducir para hacer entender qué decía. Y hoy quería cantarlo, pero estaba tan emocionada que no me animé.” No la traicionaron los nervios de hablar en público, sino el recuerdo de su madre, que murió en Rumania hace una semana. En febrero, Carmen será deportada, la salida habitual para las mujeres acusadas de narcotráfico.
Soledad Vallejos, periodista de "Página 12", Argentina.

