Michal Govrin: la maldición de errar

Mi vida familiar oscila ahora entre Jerusalén con estancias periódicas en París y Nueva Jersey. Vivir en estos sitios se convirtió en mi exilio de escritora, una manera de cuestionarme en forma permanente y hacer frente sin cesar a nuevos desafíos.
Ilana Tsouriel, la heroína de su novela Snapshots (En caliente, Riverhead Books, 2007), como usted, es hija de alguien de la generación de fundadores del Estado de Israel. Dice estar golpeada por la “maldición de errar”…
Es la expresión que emplea irónicamente Ilana para calificar el carácter cosmopolita de su existencia. Aventura una suerte de crítica sionista a la diáspora judía, así como al sueño de “salvar” a los judíos de un destino errante y de exilio gracias al retorno hacia la Tierra Prometida, el nuevo Estado independiente. Ilana se fue de Israel para huir de la violencia intrínseca del proceso del construcción nacional y del conflicto que ésta ha engendrado. Ilana, al tiempo que madura como arquitecta, se esfuerza en apartarse de tales contradicciones y limitaciones. En su proyecto de Monumento por la Paz en Jerusalén, el epicentro del conflicto, recurre a conceptos judíos tradicionales (el año sabático, la cabaña, sukkah) que introducen la dimensión de renunciamiento y el errar como modo alternativo de vida en un lugar.
Su madre es una superviviente del Holocausto. ¿En qué medida ello influenció su manera de ser y su obra?
Mi madre, una mujer sólida y llena de vida, no me habló jamás de lo que había vivido. Cuando ella llegó a Israel, en 1948, se hizo quitar el número que le habían tatuado en Auschwitz. De niña, nunca supe que “mi mamá había sido una víctima del Holocausto”, ni que su hijo, del cual ella conservaba fotos escondidas en un cajón de ropa interior que yo abría a escondidas, no estaba más en el mundo de los vivos.

